7 de diciembre de 2009

ASÍ EN EL CIELO...

Solía acudir al vertedero. Siempre encontraba cosas que todavía podían tener uso. Allí conseguí el colchón dónde duermo y la radio, cuya voz acompaña mi soledad. A veces hay algo de ropa camuflada entre los desperdicios. La comida, no. Esa la busco en los cubos de los supermercados.

Aquella mañana percibí un intenso olor a flores. Era penetrante como el de las violetas. Traspasaba el pañuelo que me cubría la nariz y la boca. Provenía de una bolsa de basura corriente. La abrí con avidez movido por la curiosidad. Fue cuando el rostro de un recién nacido emergió a la luz. Me miró sin ver, y un vacío sin nombre se apoderó de mí al comprobar que todavía tenía el cordón umbilical unido a la placenta. Me quité el abrigo y le arropé, acunándolo entre los brazos. Un dolor sordo me ahogaba. El olor a flores lo inundaba todo.

Y supe que, de todos los lugares de la Tierra, aquel era el más olvidado por la mano de Dios, porque permitía que sirviera de tumba para sus Ángeles.





Luisa Fernández.

Foto: http://kurioso.es/2008/11/