27 de noviembre de 2011

Segundo aniversario de Tierras de Alquimia




Hola a tod@s.

Se cumplen ya dos años desde que decidí abrir este espacio en el inmenso universo de los blogs. A mí sigue pareciéndome que fue ayer. El tiempo vuela. Pero no, otro año ha pasado de puntillas y ha tenido sus 365 días y sus horas correspondientes, en los que me ha ocurrido de todo. Bueno y malo.

Lo bueno, creo que los que seguís Tierras de Alquimia habéis sido testigos a través de mis entradas. Lo he celebrado a lo grande. No ha habido seguidor que no se haya enterado de mis avances y de mi buenas nuevas. Repetirlas sería machacar al personal con un autobombo innecesario. Todos sabéis que este año ha sido magnífico respecto al trabajo/publicaciones/premios. Y mis agradecimientos se han quedado cortos para lo que en realidad siento hacia aquellas personas que lo han hecho posible. Las primeras oportunidades siempre ocuparán un lugar especial en mi memoria.  

Mi futuro inmediato se plantea de igual modo. Mucho trabajo. Proyectos que espero pronto vean la luz a pesar del panorama editorial. Unos son conjuntos y otros en solitario. Y, por supuesto, os pondré al corriente llegado el momento.

Mi deseo es que esto continúe. Trabajar sin ver los frutos no lo quiere nadie. Sabéis que ando muy pendiente de mi última novela. Creo que antes de Navidad estará terminada. Sus posibilidades son más que estupendas, pero tengo los pies en la tierra. No me nublo. Ni tampoco se acabará el mundo si al final recibo una docena de negativas y juego al baile del cangrejo durante meses con agencias y editoriales. Aunque mentiría si os dijera que no me cabrea profundamente que jueguen conmigo. Lo detesto. Ya lo han hecho a lo largo de este año (y mucho). La pérdida de tiempo y nuevas oportunidades han sido irreparables. Soy novel pero pedir un poco de respeto hacia mi trabajo no es descabellado. Por tanto, hoy por hoy, primo por la agilidad a la hora de los descartes, y si la espera de respuesta se eterniza, a otra cosa. Carpetazo. Hay que aprender de los errores. Marcar la muesca en la pared del desafecto y seguir sin mirar atrás. Un montón de historias esperan en mi cabeza para ser escritas y habrá otras tantas oportunidades para las antiguas. Ellas tienen todo el tiempo del mundo. Son eternas.

Dejo los malos momentos para el saco del olvido. Os podría detallar muchos y variados en los que me ha vencido el hastío y la impotencia, pero se parecerían demasiado a los del resto de escritores que luchan por hacerse un hueco que no serían nada excepcional. Carpe diem, por tanto. Agarro el día y me lo echo a la espalda con una mueca chusca. Hay que reírse, amig@s. 

Y creo que cierro con esto el segundo año de blog. Mil gracias por seguirlo. Siento mucho no poder acudir a los vuestros todo lo que quisiera, pero la falta de tiempo me lo impide. Las novelas no se escriben solas ni los proyectos salen adelante de la nada. Unos lo comprendéis y otros no. Gracias a todos. Un besazo.