6 de noviembre de 2014

¿Leemos o hacemos que leemos? «Sentir» la historia



 
Algunos libros de fantasía de mi biblioteca


Hola a tod@s

Estamos en la era de la no fórmula. Al menos eso es lo que intentan vendernos. Cualquiera puede llegar a ser lo que desea con solo chascar los dedos. No necesitamos preparación previa porque somos talentosos por naturaleza. Tenemos un don, lo que pasa es que todavía no hemos aprendido a explotarlo. Para ello solo se requiere de nosotros que seamos los perfectos vendedores de aire (toma fórmula).
No sé a vosotros pero a mí esta premisa me parecen un espejismo. Un autoengaño promovido por aquellos que quieren lucrarse de nuestros sueños. Directa o indirectamente.  

La no fórmula

No existe la fórmula magistral para escribir el libro perfecto. Pensar lo contrario es poco menos que una leyenda urbana. Pero lo que sí existe y está a nuestro alcance es la fórmula para identificar nuestros fallos a la hora de escribir y poder solventarlos o, al menos, intentarlo.  

«Sentir» la historia

Antes que el lector haya contactado con la historia ya lo ha hecho el escritor. Se trata de identificarse con ella a través de quien nos la está contado. O sea, a través de los ojos y los sentidos del narrador. A esto se le llama punto de vista
 Como ya os apunté en la entrada anterior, en el proceso creativo de una novela pueden surgir varias rupturas o estancamientos. La primera se produce de la página 25 a la 30. En un alto porcentaje de casos es debido a este fenómeno: el escritor no «siente» la historia. No logra ese contacto emocional tan necesario para estar satisfecho con lo que está escribiendo. Porque, en contra de lo que algunos suelen pensar, los que utilizamos la técnica también escribimos con el corazón, incluso con las tripas si se tercia.   
Los escritores con experiencia suelen identificar esta carencia con facilidad. Y me atrevería a decir que lo hacen cuando apenas llevan escritas varias páginas. Sufren un parón sin saber muy bien el motivo. Comienzan a dudar. Creen que lo que está escribiendo no es bueno. Vaya, que no les convence del todo, saben que le falta algo.
Este fenómeno suele producirse independientemente de cómo esté escrita la novela. Da igual si hemos utilizado un estilo impecable, una atmósfera genial y todas y cada una de las pautas para enganchar al lector. Aun así puede que no hayamos logrado un punto de vista acertado.

¿Significa esto que debemos desechar la historia?

Depende de varios factores. Si la trama tiene fuerza y también los personajes, no. Solo deberás cambiar a la «persona» que está contando la historia. O sea, el narrador. Tendrá que buscar un sustituto más solvente y comenzar de nuevo a escribir la novela cuantas veces sean necesarias hasta lograr ese contacto emocional tan vital para alcanzar el pacto con el lector.

Para ello debemos preguntarnos varias cosas:

• ¿Qué quiero trasmitir al lector?
• ¿Cómo quiero contárselo?
• ¿Es adecuado el narrador elegido?
• ¿Tiene la voz acertada?
• ¿Es creíble? 
 

En la próxima entrada hablaré de narradores. Sus diferencias, los beneficios o perjuicios de utilizar unos u otros. También intentaré dar respuestas prácticas a estas preguntillas que os he señalado y tantearemos otros factores a tomar en cuenta para lograr ese contacto emocional.

Y ahora, tal y como os prometí en mi anterior entrada, os muestro otro comienzo prometedor de novela.

Comienzos estupendos



Memorias de Adriano, de Marguerite  Yourcenar:

Querido Marco:
He ido esta mañana a ver a mi médico Hermógenes, que acaba de regresar a la Villa después de un largo viaje por Asia. El examen debía hacerse en ayunas; habíamos convenido encontrarnos en las primeras horas del día. Me tendí sobre un lecho luego de despojarme del manto y la túnica. Te evito los detalles que te resultarían tan desagradables como a mí mismo, y la descripción del cuerpo de un hombre que envejece y se prepara para morir de una hidropesía de corazón. Digamos solamente que tosí, respiré y contuve el aliento conforme a las indicaciones de Hermógenes, alarmado a pesar suyo por el rápido progreso de la enfermedad, y pronto a descargar el peso de la culpa en el joven Iollas, que me atendió durante su ausencia. Es difícil ser emperador ante un médico, y también es difícil guardar la calidad de hombre. (…)

Analicemos este primer tiento

Lo primero que llama nuestra atención es la gran fuerza narrativa de la autora para acercarnos al hombre y no al emperador. Para ello nos sitúa frente a la enfermedad. Nada más humano que eso.
Lo segundo, es que estamos ante un comienzo epistolar, que podría confundirse con una novela escrita en segunda persona, puesto que el protagonista (Adriano) dirige su discurso (de tú) a Marco; pero no, basta seguir leyendo para saber que estamos ante una primera persona, que nos cuenta sus memorias noveladas. Y mirad que es una primera perfecta: convincente, con la voz acertada; inteligente y a la vez tan humana...  Esa humanidad es el motor del íncipit y de toda la novela. Fue un acierto por parte de Yourcenar. 

Os aconsejo leer las notas de la autora que vienen al final del libro. En ellas vemos el gran trabajo que se tomó para dar con el punto de vista adecuado:

«Este libro fue concebido y después escrito, en su totalidad o en parte, bajo diversas formas, en el lapso que va de 1924 a 1929, entre mis veinte y mis veinticinco años de edad. Todos eso manuscritos fueron destruidos y merecieron serlo.»

«Imposibilidad, también, de tomar como figura central un personaje femenino; de elegir, por ejemplo, como eje de mi relato, a Plotina en lugar de Adriano. La vida de las mujeres es más limitada, o demasiado secreta (…).»
  
Y para terminar y como curiosidad, os diré que la genial traducción de esta novela al castellano la hizo Cortázar para Edhasa. Lo bueno se hace notar al primer vistazo. No os quepa duda.

Un besazo. Nos leemos.  

1 comentario:

  1. Muy interesante este análisis, y desde luego como lectora soy de las que leo y disfruto muchísimo haciéndolo. Soy una lectora visual y cuando leo estoy viviendo realmente dentro del libro.

    Tienes razón, Luisa, que a veces la historia es buena y el narrador la "estropea" O al contrario el narrador, el punto de vista elegido atrapa al lector y da igual de qué vaya la historia.

    En cuanto a mis pinitos como escritora, soy impulsiva y emocional, no planifico, no aplico ningún método, pero puedo corregir hasta el aburrimiento y borrar y volver a empezar. Por eso sería incapaz de escribir una novela muy larga con muchos personajes.

    Sólo tengo una manía el texto tiene que tener ritmo, lo leo en voz alta y si no lo tiene es que no me vale.

    Tengo un proyecto ahí, muy íntimo y personal, y ando peleando con el narrador o el tono como yo le digo, porque estoy segura que la historia es potente. A ver si me lanzo.

    Un abrazo y espero ya tus nuevas historias.

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