16 de octubre de 2014

¿Leemos o hacemos que leemos?





Parte de mi nutrida biblioteca


Hola a tod@s

Hoy me apetecía  hablar sobre lectura. No obstante, se me hace difícil hacerlo sin tocar también el tema de la escritura. Por lo tanto voy a tantear ambas, ya que están íntimamente ligadas.
Y me apetece porque veo que apenas nos detenemos a leer un artículo, ni la entrada de un compi en su blog o en las redes sociales. Leemos el título y con eso nos basta. Estamos tan saturados, que nos salen los contenidos por las orejas. Es por eso  que cada vez es más difícil emplear tiempo y esfuerzo en mantener vivo un blog o intentar inútilmente publicar entradas de interés. Parece que, escribamos lo que escribamos, nadie nos lee. Y qué decir de la lectura de libros. ¿Novelas? No, gracias. Saturación total.
A eso voy.  Y perdonad si me extiendo. El que no quiera leer que no lea. 
Debo confesar que yo leo bastante. La mayoría son títulos de autores muertos. De ellos aprendo mucho. Pero también leo a mis contemporáneos, que los hay muy buenos. A otros, procuro darles una oportunidad. Esto no significa que lo logre. El 60% (y estoy siendo benévola) de las novelas que intento leer no cumplen mis expectativas. Sé que suena fatal y que algunos dirán que exagero o que soy demasiado exigente, pero es lo que hay. Y creo que no soy la única con esta opinión. Me temo que cada vez somos más los insatisfechos. Entre estas novelas incluyo tanto títulos patrios como extranjeros, obras de autores autopublicados y otras avaladas por editoriales; y no hago ascos a ningún género: leo de todo, desde novelas mínimas a grandes tochos, incluso relatos y primeros manuscritos de autores noveles y no tan noveles; que algunos ya tienen espolones.
Esto forma parte de mi faceta de asesora. Mi misión es ayudar al autor a mejorar su novela. Esto conlleva ser de lo más sincera y constructiva. Me da igual si eres amiguete o no te conozco de nada. Aunque debo admitir que, a veces, esa sinceridad de la que alardeo me ha acarreado más de un disgustillo. Algunos escritores no aceptan crítica alguna de sus obras, lo cual no deja de ser curioso si lo que buscan es una visión, como mínimo, distinta a la suya. Pero por lo general, aquellos que piden mi colaboración suelen tomarse mis consejos con gran interés porque lo que buscan no son palmaditas en la espalda ni que les regalen los oídos. Quieren mejorar al máximo el potencial de sus novelas o relatos. Y para eso es necesario que alguien tenga mano dura y boquita de plata, por aquello de no lastimar egos.

Ante todo, soy de la opinión que para saber escribir hace falta saber leer.  
Vayamos por partes.
Para dar el triple salto mortal de la simple redacción a la escritura literaria es necesario conocer y utilizar todo un conjunto de técnicas y recursos. Incluso para romper las reglas ya establecidas se precisa de ese conocimiento y dominio.
La creación literaria cuenta con tres conceptos básicos (o sea, por encima) del que se sirve un escritor:
Los recursos y procedimientos literarios.
La lengua y el estilo.
Y, por supuesto, la lectura analítica.
Ahí quería yo llegar. Es en ella en la que voy a centrarme, ya que la considero imprescindible si queremos ofrecer una buena obra y que el lector disfrute.

¿Qué es lo que primero que llama mi atención cuando abro un libro por primera vez?


        Su comienzo. Parece obvio, pero no.
El inicio de un libro es importante. Tanto, que muchos entendidos consideran que si el autor no consigue enganchar al lector en las primeras siete frases, costará un triunfo que se anime a seguir leyendo. Dará igual que varios capítulos después el libro sea una verdadera joya. El 80% de los lectores abandonará la lectura si no consigue el interés esperado.
Esto cambia si el título en cuestión le ha llegado de oídas; o sea, recomendado por varios lectores que ya lo han leído. Si él sabe que el comienzo es flojo pero que luego gana en altura, le dará un voto de confianza porque tiene buenas referencias sobre él. Pero esto solo ocurre cuando la novela en cuestión ya tiene un bagaje de varios meses y el boca-oreja comienza a dar sus frutos. Tenemos varios ejemplos en títulos como La sombra del viento y El tiempo entre costuras. Ambos no arrancaron hasta varios meses después de su salida al mercado. ¿Curioso, verdad?
También hay novelas con un comienzo espectacular que se desinflan a los pocos capítulos. Estas, por desgracia, son las que más abundan. No es tan extraño porque la primera fractura importante que se origina en el proceso creativo de una novela, puede sobrevenir alrededor de la página veinticinco o treinta (esto es solo orientativo, no es una ciencia exacta). No es la única que se produce. Suele haber otra antes de acometer la mitad del libro. Esta es bastante definitiva y donde un gran porcentaje de autores suelen dejar el manuscrito arrinconado, si se ve incapaz de dominar la trama o enderezarla en condiciones (o debería hacerlo). La tercera ruptura llega al sobrepasar las tres cuartas partes de la historia. Encaminar la narración hacia su final suele ser bastante laborioso. Si no se consiguen coordinar bien estas fracturas, el manuscrito está perdido. Si aun así el autor termina su obra y llega a un buen lector, él notará todas esas fisuras. No lo dudéis un ápice siquiera. El lector no es tonto.
Pero volvamos a lo que nos ocupa: ¿Qué necesita tener el comienzo de un libro para que el lector se sienta atraído y no lo cierre? Pues un inicio con verdaderas expectativas. Si logramos estudiar a fondo esos primeros párrafos, veremos que podemos intuir bastante en ellos. Adivinamos una gran historia o lo contrario

Un inciso. No hay que confundir nunca un prólogo con el íncipit* de un libro. El prólogo suele escribirlo otro escritor. A colación, me viene a la cabeza una novela que intenté leer hace unos días. No voy a dar el título, por supuesto, pero pocos prólogos he leído como ese. Buenísimo se queda corto. El chasco vino al comenzar a leer el primer capítulo. Me temo que tampoco un excelente prólogo augura una buena novela.  

Me consta que cada autor elige el inicio de su libro movido por razones que nada tienen que ver con enganchar al lector, aunque sí lo tome en cuenta. El comienzo suele ser algo que viene a uno sin más. Se nos cuela en un momento dado y sentimos la imperiosa necesidad de plasmarlo. Es una especie de visión que tiene el autor. Está genial escribir ese comienzo que nos ha rondado durante días, semanas o meses. Puede ser una frase impactante que realmente llame la atención a todo el que la lea. Pero ojo, hay que intentar que los siguientes párrafos tengas alguna conexión con ese comienzo tan estupendo que hemos logrado crear después de darle vueltas y más vueltas. Si el tono (o sea, el estilo narrativo o voz del escritor) y el vínculo se rompen, será fácil que el lector se sienta defraudado.

¿Cuáles suelen ser los comienzos más comunes?

Los inicios o íncipit tienen también un nombre literario, dependiendo de la fórmula que utilicemos. Hoy os mostraré uno, el más clásico y el más común. En otras entradas iremos viendo más. 

El climatológico. Son aquellos que nos muestran rasgos relacionados con el clima: un paisaje azotado por la  tormenta, un sol espléndido calentando la tierra, una nevada implacable. Recuerdo que una de mis monitoras de los talleres de novela a los que acudí en mis comienzos, decía que huyéramos de este tipo de inicios por los recurrentes que son. La originalidad es importante.

Y para terminar el redondeo, os mostraré un ejemplo de inicio con el que arrancaremos este particular viacrucis mío. Tras su lectura, analizaré las claves que hacen de esta clase de comienzos verdaderas promesas. Lo he elegido por su genialidad. Es bastante popular.  

Comienzos estupendos 


Lolita, de Vladimir Nabokov:

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje a tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.
Era Lo, sencillamente. Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

Analicemos este primer tiento

En Lolita se avecina una gran historia a pesar de que el autor ya nos la ha contado en estas pocas líneas. Nosotros, por nuestra parte, ya hemos sentenciado al protagonista sin saber siquiera cómo se llama. Sabemos de su tortura, de lo que siente, y lo más llamativo: trazos de su oscuro secreto. Aun así, seguiremos leyendo bajo las directrices atrayentes que Nabokov nos propone.
Ni me imagino cuántas veces debió de cambiar y pulir este comienzo. Pero ¿qué técnica empleó para ello?
Técnica de microrrelato y el uso de la primera persona como narrador.
• El mensaje nos llega como una flecha. 
Frases cortas muy directas y aclaratorias. 
• Juegos de palabras que asocian una idea (fuego, entrañas, lengua).
Nos muestra cómo es Lolita en muy pocas frases, aportando una base sólida de su personalidad. Repite su nombre varias veces para que se nos quede tatuado con música (ritmo narrativo): Lo. Li. Ta. Al parecer, en el inglés original, las frases tienen cierta musicalidad que se ha perdido con la traducción.
•Se ha valido del carácter literario* para mandarnos el mensaje. Nos ha mostrado al protagonista, que es quien cuenta la historia, y al mismo tiempo al leitmotiv de su particular calvario.
Ha generado curiosidad y morbo. Es innegable.

Creo que estas pocas claves son suficientes para hacernos una idea.

Con esto termino por hoy.
La próxima semana analizaré otro comienzo prometedor. Será completamente distinto para que podáis ver las diferencias a nivel narrativo, entre unos y otros. 

También advertiros de que un buen comienzo no siempre garantiza un buen final. De finales también hablaremos más adelante. 

Pero me gustaría saber vuestra opinión. ¿Qué pensáis al respecto de los comienzos de los libros? ¿En qué os fijáis más a la hora de leer?


Significados:  

*¿Qué es el carácter literario?

Mostrar y escenificar los sentimientos de los personajes. A través del lenguaje se estimulan los cinco sentidos del lector para que le llegue una idea clara de cómo son los personajes. Presentamos al personaje a través del propio narrador o a través de los ojos de otro personaje.

*Íncipit: (Del lat. incĭpit, 3.ª pers. de sing. del pres. de indic. de incipĕre, empezar). Primeras palabras de un escrito o de un impreso antiguo que constituyen la referencia de una descripción bibliográfica.

Nota de la autora: Todos los conceptos que apunto en esta entrada son los que yo adquirí a través de más de siete años de aprendizaje en talleres de creación literaria, monográficos referentes al cuento, talleres avanzados de relato y de novela, de corrección de textos y de formación como monitora de taller literario. He tenido la gran suerte de aprender de grandes escritores. Y sé que jamás dejaré de hacerlo. Me considero autodidacta y leo a diario. Mis referencias son las tres toneladas de material que guardo como un tesoro por si se me olvida algo. 

Un besazo. Nos leemos. 




1 comentario:

  1. Un artículo magnifico. Creo que para todo aquel que decida ejercitar su valía como escritor, debería seguir tus sabios consejos y profundizar en la metodología que tan finamente argumentas. Estoy de acuerdo en que las primeras lineas de un texto son esenciales a la hora de conseguir enganchar al lector. Aunque también opino que todo esto que tan fácil parece, se vuelve una labor gigantesca cuando uno se enfrenta al papel en blanco.
    Gracias por compartir tus sabias experiencias, un abrazo.

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