9 de octubre de 2014

El amor es...



Hola a tod@s
              
Seguimos por estos lares.

Mantengo la misma dinámica que en la entrada anterior. Esperando que lleguen noticias positivas para mis novelas presentes y futuras. Ya se hace larga la espera, pero creo que merecerá la pena para bien o para mal. Lo importante de algunos cambios es que siempre traen nuevas perspectivas, aunque la respuesta no sea la deseada. Lo tengo más que asumido y estoy preparada para ello si llegara el caso.   

«Cada fracaso enseña algo. (…) Psicológicamente es bueno que durante un tiempo decente lleves luto por el manuscrito que te han rechazado  —es decir, rechazado unas veinte veces, no solo dos o tres veces—, pero el luto no debe durar más que unos cuantos días.»

                                                                                  Patricia Highsmith

Así que a esperar se ha dicho. No voy a vestir el negro ni de coña. ;) 

Os dejo un relato que he recuperado del inmenso baúl de Tierras de Alquimia. Le he dado cuatro retoques de nada.  






Disidentes


Papá y mamá discuten de nuevo.
Ellos creen que estoy durmiendo, pero ¿cómo hacerlo? A través de la puerta cerrada me llegan sus voces. No gritan, pero no es necesario. Oigo sus reproches, sus contradicciones, sus frases lapidarias. Y sé que durará horas. Se despellejarán vivos. Y no, no terminarán haciendo las paces en la cama como cuando yo era pequeña. Mamá dará por perdida la batalla y se marchará a dormir. Papá irá derecho al cuarto de invitados y se quedará desnucado con algún videojuego. Ella le dirá que no crecerá jamás, que está harta de vivir con Peter Pan; que no comparten nada. Él le recriminará que ya no es el hada buena de su cuento; es la jodida bruja del Oeste.
Son la noche y el día.
Pero yo sé que por eso están juntos. Se completan el uno al otro. El Yin y el Yang. Él todavía logra hacerla reír. Veo en el brillo de sus ojos, que eso fue lo que más le gustó de él. Su buen humor y también su ternura: era un romántico.
Todo tenía sentido por entonces.
Ahora, para mamá él se ha convertido en un extraño que ha fagocitado al amor de su vida. Y papá exige que vuelva la chiquilla de la que se enamoró; aquella exótica criatura por la que respiraba cada día.
Y es que esta maldita guerra en cubierta, en la que se ha convertido la vida, los está matando.
Ella dice: «los que se aman no se hieren.»
Él responde: «contigo: caricias y putadas de amor, princesa.»
Y yo pienso que ambos arrastran demasiadas cicatrices, demasiadas treguas. Tantas como traiciones a sus pactos. Son dos soldados vencidos en una contienda interminable. Dos luces solitarias en un inmenso océano…
… Dos náufragos que ya no saben cómo amarse.


© Luisa Fernández


Un besazo. A quererse, y nada de discutir.
Nos leemos.



2 comentarios:

  1. La rutina se instala en las relaciones y las hace polvo...
    No es fácil mantener viva la llama de los primeros tiempos, si no se aprende a evolucionar en la relación la convivencia puede ser un infierno.
    Me alegra verte por aquí de nuevo!.
    Yo tampoco estoy muy prolífica últimamente pero no quiero descolgarme de este mundillo que me da tantas satisfacciones.
    Paciencia y suerte, que todo llegará más pronto que tarde.
    Besitos.

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    1. Hola, Belén.

      Es cierto. Las relaciones de pareja son complicadas cuando ya se llevan juntos muchos años. Tanto el amor como las personas implicadas evolucionan. Lo malo es la involución. Esa es a la que hay que coger a tiempo para hacerle el boca a boca. ;)

      Yo también me alegro de verte por aquí, Belén. Es normal que haya rachas blogeriles. Lo importante es seguir compartiendo estos pequeños ratillos. Me da mucha pena que haya blog cerrados. :(

      Lo mío va para largo. Paciencia no, lo otro… Pero seguiremos al pie del cañón hasta que el cuerpo aguante o llegue el invierno.

      Un beso muy fuerte, guapísima.

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