11 de junio de 2010

GUSTAVE FLAUBERT Y SU MADAME BOVARY




Proponiéndome, tal y como dije hace unas semanas, mostraros algunos apuntes sobre escritores y novelas que han influido en mí de algún modo, he elegido a un clásico. Madame Bovary, de Gustave Flaubert.

Este novelista francés del siglo XIX, encuadrado en la escuela realista, fue el escritor al cual se le puede atribuir la concepción de la novela moderna.

En 1851, comienza a redactar Madame Bovary y la acabaría en 1856. La novela aparece en seis números consecutivos de la revista Revue de Paris, y en Enero del 1857 tiene que presentarse ante el juez para defenderse de las acusaciones de «pornografía y ofensa moral». Fue absuelto poco después por el Tribunal Correccional de París, por lo que Madame Bovary sale a la venta en librerías el 12 de Abril de 1857 con un gran éxito de crítica y público. L´Artiste diría de ella en un artículo publicado en el mismo año: «Una novela ¡y qué novela! La más imparcial, la más leal».

Flaubert, al respecto de su obra, sería el primero y el único durante bastante tiempo, en afirmar «que la dimensión moral del texto es secundaria, que la obra de arte debe justificarse por sí misma, lejos de cualquier otra concepción».

Cuando Du Camp y Bouihet, amigos del autor, lo animaron a escoger para su siguiente creación –dado el escaso éxito de sus anteriores intentos literarios- un «asunto real», creo que no se equivocaron.

Madame Bovary, recrea a la perfección la sociedad de la época en su conjunto. Marca la vida rural y la de las grandes ciudades como París. Y, sobre todo, a una heroína de carne y hueso: con sus debilidades, sus devociones y todo un rosario de lo que hoy no dudaríamos en llamar «estados del alma». La inconformidad hacia una vida rutinaria, sin más miras que vegetar y echar raíces en un pueblo, siendo la sombra de un medico rural, no son las aspiraciones de Enma Bovary. Ella tiene otros sueños. Para alcanzarlos, no dudará en utilizar todos los recursos que se le pongan al alcance, sin importarle si el camino elegido le llevará a su propia destrucción.

En un análisis de fondo, podría decirse que Flaubert despreciaba profundamente su época. El trasfondo de la novela gira en torno a la trivialidad reinante. Un mundo en el que el capitalismo era el rey. A través de sus personajes, Flaubert nos acerca a esa sociedad. A su imbecilidad hilarante y consentida.

Respecto a su estructura, la obra se divide en tres partes. De nueve, quince y once capítulos respectivamente. Inicio, nudo y desenlace. Cabe destacar su comienzo escrito en primera persona, que pasa rápidamente a una tercera en narrador omnisciente. De numerosos recursos estilísticos, señalar el uso del correlato objetivo y la minuciosidad al enumerar, con todo lujo de detalles, tanto los lugares y aposentos, como el atuendo y los enseres de todas las escenas y personajes de su obra. Está narrada con una voz objetiva y realista. De ahí el escándalo que suscitó.


Quién realmente hizo un análisis exhaustivo de la novela, fue Mario Vargas Llosa en su ensayo La orgía perpetua y que aconsejo leer.

El mito creado por Madame Bovary, revertería sus influencias en otras obras de la literatura como Anna Karenina de Leon Tosltoi (1877) o La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín» (1884). Ambas recomendables.


Luisa Fernández

Fotografía extraída de Internet.