13 de mayo de 2010

INSPIRACIÓN TERMINAL



Por fin, después de treinta noches de permanecer en vela, el poeta concluyó su única y gran obra. Fueron aquellas unas noches terribles, en las que consumió veintidós botellas de vino, doce de coñac y diez de aguardiente para llamar a las Musas. No dejó que su asistenta, una mujer oronda de incipiente bigote, entrara en su estudio para limpiar, hasta que no dio por terminado el poemario. Cuando por fin lo hizo, la pobre mujer no dio abasto a recoger cascos vacíos y una infinidad de cuerpecillos esparcidos por el suelo con un grave coma etílico.




Copyright: Luisa Fernández


Foto extraída de Internet