23 de marzo de 2010

TRAS EL RASTRO DEL PERDEDOR
















Hola, amig@s. Me he propuesto abrir una sección en mi blog para mostraros a los escritor@s que más han marcado mis comienzos. Y ninguno mejor para empezar.



JOHN FANTE


Cuando John Fante se entera de que su obra está siendo reeditada (gracias a Charles Kukowski), está en la cama de un hospital con las piernas amputadas y ciego a causa de la diabetes. Bukowski ha venido a visitarlo y le trae varios ejemplares de sus libros. En uno de ellos hay una dedicatoria: “Para John Fante, que me enseñó a hacerlo”.

Y la verdad es que a mí me pasó como a Bukowski el día que descubrió a Fante en una biblioteca municipal. Le encontré entre centenares de libros, por casualidad, sin saber quien era. No fue “Pregúntale al polvo”, como en su caso, sino: “Espera a la primavera, Bandini” la que me cautivó desde el primer instante, desde la primera página. Hace años desde aquello, pero siempre que me siento frente a un ordenador a escribir, la primera visualización del escenario, del focalizador, de los personajes, es para la mirada de John Fante. Su perspectiva frente al espectador, el tratamiento hacia los personajes, los objetos, y la arquitectura del texto (ahí es nada).



John Fante (1909-1983), nació en Denver (Colorado), en el seno de una familia de inmigrantes italianos. Su primer cuento publicado fue: “Alter Boy” (Monagillo) en la revista American Mercury. Lo último que escribió: “Sueños de Bunker Hill”, que dictó a su esposa Joyce, cuando ya estaba ciego y sin piernas por causa de la diabetes, y que cierra una cuatrilogía (cuarenta y tantos años después), de la saga “Bandini”. Recibió póstumamente el premio PEN por sus escritos en el año 1987. El reconocimiento le llegó después de muerto.



BIBLIOGRAFÍA: (año de su publicación)

Cuatrilogía:

Camino de los Ángeles (inédita hasta 1985)

Espera a la primavera, Bandini (1938)

Pregúntale al polvo (1939)

Sueños de Bucker Hill (1982)

Llenos de vida (1952)

La hermandad de la uva (1977)

Un año pésimo (inconclusa, 1985)

Al oeste de Roma (1986)

The Wine of youth (1985, sin traducción al castellano)


Y por supuesto, esto sería una pobre muestra por mi parte si no os mostrara algunos extractos de su obra Espera a la primavera, Bandini.


“La amó con violencia delicada, muy orgulloso de sí, sin dejar de repetirse: no es tan idiota la María, sabe lo que es bueno. La burbuja gigantesca que perseguían camino del sol reventó entre ambos y el hombre gruñó con alivio jubiloso, gruñó como hombre contento de haber podido olvidar muchísimas cosas durante unos instantes, y María, silenciosa en su breve mitad de la cama, se quedó escuchando los latidos de su propio corazón y se preguntó cuánto habría perdido Svevo en los Billares Imperial. Mucho, sin duda; acaso diez dólares, porque María no tendría título de bachiller, pero adivinaba la desdicha de un hombre por el alcance de su pasión.”



“…¡Valiente estufa!, déspota, incivilizada y con malas pulgas. Siempre la piropeaba, la mimaba, la tranquilizaba, estufa semejante a un oso negro que sufriese brotes de rebeldía, que la desafiara para ver si era capaz de encenderla; estufa quisquillosa que, cuando se calentaba y emitía un calorcillo suave, perdía los estribos de repente, se ponía al rojo blanco y amenazaba con destruir la casa entera. Sólo María sabía tratar aquel cacho negro de hierro mohíno y lo hacía alimentándola con una astilla tras otra, acariciando las llamas tímidas, poniendo un tronco a continuación, luego otro, y otro, hasta que ronroneaba gracias a sus atenciones, el hierro se caldeaba, el vien­tre se le hinchaba, el calor la hacía vibrar, hasta que gruñía y gemía de placer, igual que un idiota. Ella era María y la estufa sólo la quería a ella. Si Arturo o August le introducían un pedazo de carbón por la boca ávida, se ponía furiosa ella sola, ennegrecía y agrietaba la pintura de las paredes, adquiría un color amarillo que daba miedo, un fragmento de infierno que protestaba y exigía la presencia de María, que llegaba con el ceño fruncido, resuelta, con un trapo en la mano con el que la toqueteaba aquí y allá, le ajustaba las válvulas con experiencia y le revolvía las entrañas hasta que recuperaba la estúpida normalidad. María, de manos no mayores que rosas marchitas, pero aquel demonio negro era su esclavo y ella le profesaba un cariño sincero. La mantenía viva, chisporroteando con perversidad, con la niquelada chapa de la marca sonriéndole con malicia, igual que una boca demasiado orgullosa de su hermosa dentadura.

Cuando al cabo brotaron las llamas y la estufa le dio los buenos días con un gruñido, María le puso encima el agua para el café y volvió a la ventana.”



Se queda mucho en el tintero. Tan sólo deciros que si al terminar alguna de estas novelas no termináis indiferentes o llenos de emoción, con el poso indómito metido en la sangre, será porque habéis descubierto lo que un día otros sintieron al leerlas. Cuando lees a Fante no sabes si eres tú el que está siendo absorbido por la novela o es ella la que se introduce dentro de tus venas. Descúbrelo.



Luisa Fernández.


Fuente: http://es.wikipedia.org/wipi/john_fante

Enlaces de interés: http://amputaciones.blogspot.com/2009/02/john-fante.html

Fotos sacadas de Internet