11 de abril de 2013

Hogares ambulantes



Hola a tod@s.

Hoy os traigo uno de mis Relatos Perturbadores. Hacía tiempo que no colgaba alguno y no hay que perder las buenas costumbres.
Sigo enfrascada en un proyecto muy especial para mí. En cuanto pueda os contaré más cositas al respecto. Ya queda menos. 

Un besazo.



Hogares ambulantes

Ha llovido toda la noche. Colgué el póster de Robert Pattison en la pared de mi nuevo cuarto. Es más pequeño que el anterior. Las paredes están recién pintadas, pero debajo de esa capa blanca se aprecian los desconchones del gotelé. El armario es exacto al de mi abuela; una antigualla de vetas siniestras que parecen tener ojos. La lámpara es de cristalitos. Recuerdo que de pequeña me gustaban sus prismas de colores. Ahora no. Los odio. Las cortinas de flores, que hacen juego con el edredón, son cutres y desprenden un olor a rancio que no me deja respirar. Aunque procuro no quejarme delante de mi madre. Bastante tiene con buscar un nuevo empleo. Seguro que no tardará en llegar con el uniforme de alguna hamburguesería. Ya me ha advertido: «todo metido en las bolsas. Los libros en las cajas. Cosa que dejes fuera, cosa que se quedará aquí. No podremos volver». Siempre es lo mismo.   
Ella es cirujana. Trabajaba en un hospital de Madrid. Era muy guapa. Ahora le faltan dientes y le sobran cicatrices en la cara y en el alma.
Yo tenía amigos, un chico que me quería, sueños. Una vida.
Hace dos años que huimos de ciudad en ciudad. Y esta vez, no quiero escuchar a mi madre la puñetera frase «sabe donde vivimos». No quiero porque meteré la mano debajo de su almohada y cogeré la pistola. Juro que no me temblará el pulso como a ella. Lo juro.


© Luisa Fernández


2 comentarios:

  1. No hace falta describir el horror del maltrato por violencia machista con escenas de sangre y golpes, tu relato es mucho más perturbador, más inquietante y consigues que se me haga un nudo en la garganta.

    La descripción de ese cuarto dice mucho sobre esas dos vidas destrozadas por el miedo.

    Muchos besos, Luisa.

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    1. Hola, Tesa.

      En efecto. Hay vidas que eran vidas y ahora no son más que un borrón doloroso. Estoy de acuerdo contigo, no es necesario mostrar la sangre ni recrearse en ella cuando la herida palpita por sí misma.

      Odio el maltrato en cualquiera de sus formas. Lo odio.

      Gracias por tus palabras, amiga.
      Un besazo.

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