5 de marzo de 2012

Markos Hacha. Relatos Perturbadores.

Hola a tod@s.

Tras varios meses de intermitencia en mi blog, vuelvo a la carga con uno de mis Relatos Perturbadores. Este, en concreto, tiene más años que yo, pero le he customizado para que luzca un cutis más fresco. Un tuneo sin demasiadas consecuencias. La esencia ha quedado intacta.
También, y para todos aquellos que están preguntándose sobre mi última novela (sé que sois muchos), quería deciros que ya está terminada.
Es una gran historia. Una trama potente y escrita con mi mejor voz. La comencé hace más de seis años y ve su culminación ahora, después de diez meses de intenso trabajo (vamos, ni el parto de la burra).
Estoy muy satisfecha con el resultado. Tanto es así, que el manuscrito ya está rulando por ahí para ver la luz. Todos sabemos que me espera un camino de espinas. No es la primera vez que lo atravieso y con toda seguridad no será la última. Pero no por eso voy a darme por vencida.
Creo en mi obra.
Creo en esta historia, y voy a defenderla con uñas y dientes (a hostias, que diría uno de mis personajes). No voy a parar hasta que alguien le dé una oportunidad justa (sí, he dicho justa y añado imparcial).

Dicho todo esto, os dejo con mi relato. Un besazo.


Markos Hacha

Lo despertó el sonido de la lluvia al golpear la broza del refugio. Apenas había amanecido. La pálida luz caía en sesgos a través de las ramas. Semejaban garras que lo señalaran acusadoras.
Markos Hacha miró a los ojos de todos aquellos hayas centenarios. Sabía que ellos lo odiaban; que agitaban sus tentáculos con rabia y pactaban a sus espaldas con el viento para bramar su apellido en las noches sin luna. 
—¡Malditos rencorosos…!
Su soledad era buscada. Se quería a sí mismo fuera del enjambre; de los días que se perseguían iguales, del querer y no poder de una sociedad de ida y vuelta. Y no es que fuese un antisocial; no, no era eso. Renegaba de los estamentos oficiales, de la burocracia, de los políticos, de sus mentiras y engaños, de la burda comedia que representaban. Para él, renegar, era la última salida pacífica a la vergüenza que le ocasionaba pertenecer a la misma raza. Tampoco le atraía demasiado ser un zángano de la colmena y urdir en el enjambre, ni tener que entrar a presión por el cuello sinfín de la botella.
A todo esto, había que añadirle sus razonamientos en cuanto al amor. No existía. Estaba convencido. Sólo era un burdo engaño; una confabulación del instinto para perpetuar la especie. Química y sexo. Se reducía a eso. El enjambre zumbaba con un aleteo sordo al goteo masivo de hormonas. Se apareaban poseídos por la atracción irremediable del mecanismo procreador. Un bucle. Una espiral que no ofrecía tregua al corazón ni a la cabeza. Más individuos con los que alimentar al sistema, y que girara la rueda. Una y otra vez. Sin descanso. Sin rémora.
Hacha era, después de todo, como muchos otros seres humanos. Renegaba hasta del aire que respiraba pero no dejan de inhalarlo. No se negaba a sí mismo las cosas buenas de la vida. Su moto, una manta para guarecerse del frío o el fuego de una hoguera, y si en ella se asaba un bicho carnoso, mejor que mejor. Si le daban a elegir, prefería el verano al invierno, el calor al frío, el frescor de una buena sombra al vertical rayo. Escogía la tierra firme al mar. El océano y el amor eran lo mismo. No se podían poseer y los dos se revolvían para golpear sin piedad.
Miró su imagen en el agua de una tina.
Era cruel ese reflejo. Era cruel su cicatriz.
Se puso unos vaqueros y se calzó las botas.
Salió a la lluvia. Dejó que le calara con mansedumbre; cansina, igual que una madre.
Quitó el cobertor a su Kawasaki y montó sobre ella como el que goza de una mujer; con un ansia abrasadora y placer. Acarició su lomo plateado, giró la llave del contacto y le dio gas. Esperó con oído experto a que ella ronroneara una respuesta. 
—¿Quieres más? Pues pide por esa boquita, Zorra Voladora, que yo soy tu hombre.
Apretó sus muslos contra el depósito, sintiendo las vibraciones en su sexo, e hincó los pies en los estribos con pasión; pendiente de cualquier requerimiento, del mínimo sonido del motor, concediéndole sin tregua sus deseos.
Insaciable. Quería más.
Siguió acelerando hasta que la moto bramó un chorro de voz atronadora.
Ella era agradecida, deleitaba sus oídos con rugidos tentadores. A cada kilómetro enervaba su sangre, la proyectaba en sus sienes bombeando en los rincones más insospechados de su cabeza, para luego derramarse por el entramado de su memoria. Laberintos recónditos que se negaba a sí mismo por miedo al dolor.

Al llegar a un cruce de caminos, detuvo la moto.
Contempló en la lejanía las cúpulas del monasterio. Sus ojos destilaron amargura, queriendo acallar las voces del pasado.
Las voces.
Maitines repicando en el silencio crepuscular y la hilera de pies descalzos sobre la fría piedra.
Oraciones casi mudas.
Respiraciones entrecortadas a su espalda; frenético jadeo.
Secretos en un pecho infantil, bajo pena del Infierno.
En la oscuridad de su celda, con el tintineo del crucifijo de madera que llevaba colgado al cuello y el dolor sordo que le poseyó las entrañas.
Aquella noche.
La noche de la Bestia.
La Kawasaki volvió a rugir; pero esta vez lo hizo con rabia.
La acarició como mimaría el cuerpo desnudo de una mujer. El eco de su respuesta lamió sus oídos. Era un agradecido candor.
La rueda delantera giró en el aire a la maniobra de Markos. Se elevó del suelo unos palmos en una cabriola sensual, para caer con la suavidad de una danzarina del vientre. Zigzagueó dichosa en el asfalto.
Hacha vomitó en el viento un nombre jamás pronunciado por él.
Un desgarro infinito. Un juramento roto tras años de silencio. Una corona de espinas.
Y se sumergió de lleno en la autopista.

® Luisa Fernández

12 comentarios:

  1. Excelente, Luisa.

    Los caballos desbocados de sus emociones se subliman en su compañera motorizada, tendrá que tirar bien de sus riendas para enfilar la autopista de su vida.

    Besos admirados por tus letras.

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  2. Gracias, Gemelas.

    No es fácil llegar al trasfondo de este relato, pero una manera de verlo es la que apuntáis. Creo que Markos ha perdido la fe en las personas. No es difícil en los tiempos que corren, y menos después de lo que le ocurrió a él en su infancia.

    Un par de besos muy fuertes y mi agradecimiento por vuestras palabras.

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  3. Perturbar, perturba, Luisa. Más cuando se sabe lo que pasó en aquella celda del monasterio. No me extraña que reniegue de todo y de todos; que no crea en el amor. Y menos en la religión o en los poderosos.
    Un retazo de la mejor Luisa. Me ha gustado.

    Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

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  4. Gracias, maestro Mos.

    Creo que cuando uno pasa por una experiencia tan al límite, y sobre todo cuando se trata de un niño, el mundo se vuelve un sitio hostil donde casi todo pierde su belleza. Creer en el amor, en cualquiera de sus formas, se hace difícil.

    Un beso muy fuerte, compi.

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  5. Buen relato, y muy pertubardor. ¿También lo será para quién jadea a espaldas de cualquier ser humano contra su voluntad; o todo sea por...?

    Bienvenida de nuevo por estos lares literarios; procura quedarte con más asiduidad.
    Besos miles.

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  6. Gracias, Resu.
    Espero que para el que jadea a las espaldas, sea el infierno en vida. Me cuesta horrores imaginar…

    A ver si ahora que he terminado mi novela puedo colgar todas las semanas un relato. Ya sabes que la gente no está por la labor de leer cositas largas… Pero en fin. Lo importante es, como bien has dicho, volver a prodigarme y que me leáis aquellos que disfrutáis con estas modestas aportaciones mías.

    Un beso muy fuerte, compi.

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  7. Hola Luisa

    Pues, oficialmente, te doy la enhorabuena por haber terminado tu novela. Sólo seis años. Yo llevo terminando una creo que 13 o 14 años. Eso sí. Me quedan sólo unas diez páginas manuscritas mías (tengo la letra grande) y la termino. Luego faltará pasarla a ordenador, revisarla, cosa que no acabaré hasta dentro de otros diez años (ja, ja, ja).

    Exactamente, ahora a hacerla circular por ahí. ¿Estás mandándola sólo a editoriales o has contactado con agentes literarios? ¿Te he preguntado esto antes, o ha sido a otra persona? (Ay mi cabeza...).

    En cuanto a este relato, como el propio título indica es un relato "de personaje". Sirve para presentarnos a Markos Hacha, para describir su carácter y el por qué de su comportamiento. Muy bien pintado. Su personalidad cuadra perfectamente con la de alguien muy huraño y antisocial, cosa que se justifica con la parte final, donde descubrimos por qué es así.

    Y, el final, en el que Markos, en cierto modo, asimila el pasado al gritar ese nombre impronunciable y empieza a poner de sí mismo para superarlo, para dejarlo atrás y sumergirse en la autopista.

    Un relato redondo.

    Un saludo.

    Juan.

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  8. Gracias, Juan.

    Bueno, hace seis o más años que comencé la novela, pero he tenido muchas intermitencias. La documentación me daba demasiados problemas por aquella época y me veía, inevitablemente, parada en su avance. A veces hasta el punto de darla por imposible. O sea, que no he trabajado en ella de forma constante, sino por temporadas. Tenía unas 160 páginas, pero no tenían correlación. Unos capítulos eran del comienzo, otros intermedios, y otros más hacia el final. Escribo así. No lo hago linealmente. También la empecé de mil maneras y la conté de otras mil, jajaja. Hace unos diez meses decidí terminarla. Tuve mucha más suerte con la documentación de la época en la que se desarrolla y pude acabarla a capón. Y luego, creo que el último mes, lo dediqué a corregirla. Lo suyo sería que hubiese reposado cuatro o cinco meses para hacerle la corrección final, pero… no ha habido tiempo (no puedo contar más por ahora, ni dónde ni quiénes la están valorando).

    Oyeee, Juan, alucinada me tienes. O yo soy tu escritora o tú mi mejor lector, jajaja. La verdad es que sí, has dado completamente con las claves del relato. Bravo. La parte más difícil de entender, a mi parecer, es el final. Su grito y lo que conlleva para Markos. Me encanta que creas que es un relato redondo.

    Y en cuanto a tu novela, te animo a que sigas con ella. Si llevas trece o catorce años con ella, estoy segura de que resultará se genial.:) ¡Ánimo!

    Un saludo.

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  9. No me extraña que se convirtiera a la soledad.

    Luisa, yo estoy convencida de que tu novela verá pronto la luz y te dará tantas satisfacciones como trabajo y tiempo has empleado en ella.

    Besos

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  10. Gracias, Trini.
    Yo creo que las secuelas que pueden llegar a dejar estas horribles experiencias se arrastran el resto de la vida.Solo con mucha ayuda pueden llegar a superarse.

    Ay, Trini… La verdad es que te agradezco infinito tu apoyo incondicional. Siempre has estado ahí, apoyándome y dándome ánimos. Eres grande de verdad. Y qué bueno es que alguien así esté a mi lado en esta andadura. Me da la sensación de que no soy sólo yo la cree en mi obra, hay mucha gente detrás que tienen fe en mí, y eso reconforta, alivia y alimenta el espíritu.

    Un beso muy fuerte.

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  11. Qué bueno, que ya has acabado la novela y que empieza a volar para encontrar su lugar.

    Así me gusta, que creas en tu obra y que no la cedas a cualquiera por un plato de lentejas.

    Todos los que te leemos desde hace tiempo, damos fe de tu talento literario y creemos en tí, ahora sólo falta el empujón final. Lo vas a conseguir, Luisa.

    En cuanto al relato, el final da la clave de la actitud de Markos ante la vida. Lo que nos ocurre en la infancia nos marca para siempre, aunque cuando decidimos enfrentarnos a nuestros demonios y plantarles cara podemos vivir con ello.

    Me perturbar el mal, y más cuando se ejerce contra los niños.

    Un abrazo, Luisa, y ahora... ¡a publicar!

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  12. Tesa, yo siempre he pensado de la misma manera. Siempre he querido una oportunidad justa, imagino que como todos los escritores. Qué duda cabe; todas las obras lo merecen. Son sangre de nuestra sangre y respiran nuestro tiempo y nuestro esfuerzo. Cada libro escrito es una vida contenida en sus páginas. Así lo veo yo. Creo que sin esa oportunidad justa, mi novela jamás verá la luz. Tal es mi convicción. Yo no necesito publicar a toda costa: no lo necesito para saber cuál es mi camino. Ése, lo tengo ya trazado desde que escribí mi primer relato, hace ahora ocho años. Con eso me quedo. Soy escritora.

    La clave del relato está en su final. En efecto. Es inevitable que los traumas de la infancia nos persigan allá donde vayamos y nos marque profundamente. Creo que lo importante es avanzar y poder vivir con ellos. Afrontarlos, hacerles frente.

    Gracias por tus ánimos, amiga. Te lo agradezco.

    Un beso muy fuerte.

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