2 de octubre de 2011

Relatos Perturbadores



En días soleados

La negra exclusa del techo se abre. Elevamos el rostro hacia la luz. Sentimos su calor como una caricia amable que prende en nuestros párpados.

Hemos olvidado tu nombre, pero aún sabemos que existes. No tienes rasgos ni forma y tus ojos son apenas un borroso intermedio entre la oscuridad que suele rodearnos y la nada absoluta. Tu recuerdo pesa. Duele. Todavía alimentas sueños prohibidos.
 
Madre nos llama. Susurra en nuestra corteza neuronal con un flujo intermitente de endorfinas. Debes desaparecer de nuestra memoria.

Ahora somos un todo con Madre. Somos Nos. No hay dolor.
   

® Luisa Fernández