31 de octubre de 2011

Relatos Perturbadores. Especial Halloween



Esta es una celebración de Todos los Santos muy especial para mí. Mi relato Trece latidos en la noche, es finalista en el Certamen Literario Domingo Santos. Un premio de prestigio dentro del género de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, con veinte años de andadura. El ganador se sabrá en la cena de gala de la Hispacón.
Hasta entonces sólo queda morderse las uñas. Aunque os digo una cosa, haber sido nominada es todo un logro para mí. Es un honor.
Felicidades a todos los finalistas y muchas gracias al jurado. Podéis ver la lista aquí.

Dicho esto, ahora sí. Os invito a pasar a mi humilde morada y a dejaros tentar por esta no menos humilde narradora. Acomodaos y elegir el tipo de terror que queréis sentir en las carnes esta noche mágica. Hay para todos los gustos.   



El agujero

Los padres de Ana se habían divorciado. A partir de ahora ella viviría con mamá.
Se han mudado a una casita baja en las afueras. Es pequeña, antigua, con vallas metálicas y un jardín. También tiene un columpio y un minúsculo estanque donde malviven algunos peces de colores.
A Ana le entusiasma la casa, su barrio y las nuevas amiguitas del colegio. Lo único que no acaba de gustarle es el agujero que hay en el techo de su habitación. Es un boquete sin fondo que supura babas de moho y apesta a pozo negro. Tampoco le gusta el niño que sale de allí en cuanto su madre le da las buenas noches y apaga la luz. Tiene los ojos de cuervo furioso, la piel cubierta de úlceras con gusanos y una boca descomunal. Es rápido, serpentea por las paredes a la velocidad de un parpadeo.  
Ana quiere contárselo a mamá, pero bastante tiene ella con ese señor tan raro que le hace gritar, gemir y revolcarse entre las sábanas noche tras noche.
Y es que el agujero del techo de la habitación de mamá es el doble de grande que el de la suya. 


® Luisa Fernández


 Ilustración Pandora Moondragon

El enterrador

Cuentan que en ese pueblo las almas de sus difuntos las guarda el enterrador de la colina. Sí, un viejo siervo de Satanás que tiene el poder de cambiar de apariencia según le convenga para servir a su amo. Dicen, además, que las tiene encerradas en el antiguo horno crematorio y que sólo las deja salir la noche de Todos los Santos, cuando en el reloj de la torre repican las campanadas de media noche y él prende el chisquero. Es entonces cuando una intensa nube de humo negro invade el camposanto y se arrastra, ladera abajo, hasta las casas de los aldeanos.
El pueblo parece respirar esa vaharada pútrida. Se expande como un gran pulmón. Entra por las rendijas de puertas y ventanas, por los estrechos tubos de respiración de las estufas y fogones para buscar dónde cobijarse.
Es el calor de un cuerpo vivo lo que la guía. El pulso caliente. El bombear de la sangre.
La niebla tiene oídos, manos tejidas de bruma fría. Es ciega, pero escucha las pulsiones de tu corazón por más que intentes esconderte. Si logras verla, sus mil rostros glaucos se introducirán en ti por las fosas nasales. Ocuparán tu cuerpo y te harán danzar alrededor de las hogueras llamando a los espectros oscuros, sus aliados.
Es un rito de sangre.
El Mundo de las Tinieblas se hará carne por una noche. Los machos cabríos fornicarán con las hembras vírgenes. Engendrarán asesinos y toda clase de bestias de dos piernas.

Es por eso, mi niña, que las noches que anteceden al día de difuntos el enterrador visita los pueblos vecinos haciéndose pasar por un vendedor de biblias. Busca víctimas, preciosas virgencitas para alimentar su horno crematorio y seguir con la promesa hecha a Belcebú.
Y ahora, a dormir, preciosa mía. Voy a abrir, creo que han llamado a la puerta.

® Luisa Fernández


El vendedor                                                       


Las carreteras secundarias son mis favoritas. Sobre todo aquellas que no están señaladas en el mapa ni en las guías. Tienen un encanto especial que sólo sabemos apreciar los viajantes que, como yo, nos pasamos media vida a lomos de un viejo utilitario con más kilómetros de los que señala la aguja trucada del salpicadero.
      Soy vendedor; un buen vendedor.
      Suelo llegar de noche a los pueblos de mi itinerario y los abandono antes del amanecer.
      ¿Y qué vendo?
      Carece de importancia. Un buen vendedor no se aprecia por lo que vende; sino por cómo lo ofrece.


      Cuando la señorita Martín descorrió el doble cerrojo de su puerta, me miró con esos ojos tan familiares para mí que desgranan la sorpresa inicial, luego la duda y el recelo; y acaban emitiendo el brillo de la curiosidad frente a una bata blanca y su consiguiente tarjeta identificativa colgada de la solapa. Pero creo que lo que terminó por convencerla fue el maletín plateado. 
      Embaucarla no fue ningún problema una vez conseguí largarle las primeras frases de mi ensayado discurso. Después, sólo necesité hacerle las preguntas acertadas. Lo demás; pura vaselina para abrillantar la venta. Me decanté por decirle que el Departamento de Medio Ambiente estaba haciendo una encuesta sobre los repetidores de telefonía móvil y sus consecuencias sobre la salud de los ciudadanos. Aquello pareció interesarle, aunque se quejó de lo tarde que era.
      ¿Ha tenido últimamente pesadillas, señora Martín?
      Ella se apoyó en el marco de la puerta con aire pensativo. Llevaba los rulos puestos, unas pantuflas de paño y una bata guateada que no le cerraba, dado su avanzado estado de gestación.
      Es curioso que lo pregunte, ¿sabe? Anoche mismo soñé que la casa era invadida por centenares de ratones. Me desperté sobresaltada justo cuando se disponían a devorarme… No pude volver a conciliar el sueño. Fue horrible…. Pero pase, no se quede usted ahí. Hace frío y está oscureciendo. Le serviré un té calentito. No sé cómo les hacen a ustedes trabajar hasta tan tarde…
      Tal como había imaginado. Un 87% de las mujeres embarazadas cercanas al parto suelen tener pesadillas.
     Mientras arrastraba los pies por las losetas que llevaban al salón y me señalaba un sofá de dos plazas, siguió preguntándome interesada.
      ¿Y dice usted que esta encuesta tiene que ver con la salud pública? Pues han tardado mucho en venir. Los vecinos del pueblo se quejan de que la antena hace ruido por la noche. Algunos ya han caído enfermos.
     Si señora. Clear Dim Farmacéutica es una empresa que investiga todos estos asuntos. Creo que han detectado algo que flota en el aire. Algo sobre unas ondas perniciosas que provoca enfermedades… ya sabe, cáncer y taras genéticas en los recién nacidos.
      Ella se echó mano al vientre y su rostro se desencajó, pálido como la luna que asomaba por los visillos.
      ¿Taras?, ¿quiere decir… deformidades?
    Lamento ser yo quién se lo diga, pero así es. De ahí el estudio que estamos realizando entre las gestantes de la zona. ¿No leyó usted el cartel que avisaba de nuestra llegada? Creo que pegaron varios en las fachadas de algunas casas. Ella negó con la cabeza. Puse mi maletín plateado encima de la mesita baja, y la abrí con ceremonia. Saqué un tubo de plástico transparente. La encuesta incluye una toma de muestras de saliva para determinar si hay daños en el feto. No se preocupe, se trata simplemente de pasarle un bastoncillo por las encías y la lengua. Poca cosa. Además, sabremos los resultados de inmediato. ¿Se encuentra en casa su marido?
       Noté que las piernas le temblaban. Le agarré del brazo y la ayudé a llegar hasta el tresillo.
      Soy… soltera. No hay ningún señor Martín. Oiga, verá… me han hecho ecografías y todo marcha bien. Si mi hijo tuviese algún problema me lo habrían dicho. El médico que lleva mi embarazo es… el mío de toda la vida.
      En este punto decidí actuar rápidamente. Una gran verborrea de jerga seudo-médica-abogada, es la mejor arma. Eso, y no dejarles pensar.
     ¿Ha oído hablar del pacto de confidencialidad médico-paciente? Hay veces que en caso de enfermedad terminal o daño irreparable, prefieren guardar silencio para que la madre no sufra. Máxime si se la conoce desde pequeñita. Siento hacerle pasar este mal rato, pero hay cosas que son del todo necesarias. El ciudadano de a pie y las mujeres que van a ser madres, como usted, necesitan saber el peligro al que están siendo expuestos con estos aparatos que aparentemente parecen inocuos. Hice una pausa estudiada. Ella comenzó a llorar. Pero… hay un atisbo de esperanza todavía.
      Se secó las lágrimas al escuchar mis últimas palabras.
      ¿Hay esperanza, dice?
     Sí señora Martín. Existe una cura. Una medicina que corrige las deformidades de los nonatos antes de abandonar el seno materno. Un compuesto bebible de última generación fabricado en los E.E U.U, cuyos resultados han sido abalados por las comisiones científicas de todo el mundo y que carece de olor y de sabor. Si se toma, el niño nace sano y hermoso como una flor. No tiene de qué preocuparse. Sólo tendrá que firmar para dar su consentimiento a la prueba. En pocos minutos sabremos cómo está su hijo.
     Ella me miró anonadada. La boca abierta en un gesto vacuo y los ojos como platos. Noté que le temblaba el párpado izquierdo y cómo el color volvía a sus rollizos mofletes.
      ¿Dónde hay que firmar? preguntó con un hilo de voz.
      Yo me apresuré a alargarle los impresos.

     Diez minutos más tarde, sentada en uno de los sofás de su acogedor y modesto saloncito, la señorita Martín, de cuarenta y dos años, dependienta de los únicos almacenes de aquel pueblo que no aparecía en los mapas, escuchó su sentencia de labios de un extraño.
      Me temo que ha dado positivo.
       Ella hundió el rostro entre las manos y volvió a llorar. Creo que ya no le quedaban lágrimas y gimoteaba con voz ahogada, suplicando la pócima milagrosa que salvaría a su hijo.
        Verá, me temo que esta medicina no la pasa el seguro.
      ¿Cómo es posible, si es el gobierno el que permite que existan las antenas de telefonía? increpó furiosa.
      Nada de esto ha sido demostrado. El gobierno negará toda implicación con el tema. Se lavan las manos, mientras los afectados pagan las consecuencias de por vida. Entienda que estas empresas mueven miles de millones de beneficios y nunca admitirán el daño que están provocando. Llevarlos ante los tribunales llevaría años, décadas… sabe Dios cuánto tiempo. Y su hijo no dispone de mucho. Si en cuarenta y ocho horas no toma usted el medicamento, será tarde y no habrá remedio. Dará a luz un… niño deforme pero vivo. El precio es lo de menos en estos casos. Le costará seis mil euros.
        ¡Seis mil! ¡Qué locura! ¡No tengo ese dinero! ¡Dios mío! ¿Qué puedo hacer?
        ¿De cuánto podría disponer, señorita Martín?
        Apenas tengo… unos dos mil. Mi sueldo es muy pequeño.
      Me la quedé mirando con cara de circunstancias. Ella me sostuvo la mirada con los ojos anegados en lágrimas.
      Está bien. Haré una llamada a la farmacéutica y les consultaré su caso. Veremos si aceptan alguna especie de rebaja. Créame que me ha emocionado el amor que veo en usted hacia su hijo. A ver qué puede hacerse.
      Ella entrelazó las manos y se le iluminó el rostro de esperanza. Luego se apresuró a ofrecerme su teléfono móvil.
      Yo chasqué la lengua, negando con el dedo índice. Aquello era mentar la soga en la casa del ahorcado.  Me señaló entonces el teléfono fijo y luego se fue derecha a tirar su móvil a la basura.

      No quise dilatar más la angustia de la señorita Martín. En menos de diez minutos, acepté un cheque al portador por la cantidad de mil ochocientos euros, que cobraría en cuanto abrieran el banco en cuestión, y abandoné aquella casita de tejado a dos aguas y jardín vallado, con el pleno convencimiento de haber dado la mayor alegría de su vida a esa pobre mujer. Por supuesto le hice prometer que guardaría el secreto de mi visita y el jugoso descuento de su medicina.

      ¡Ah!, se me olvidaba. El brebaje no era más que agua del grifo. Soy vendedor; un buen vendedor.        


® Luisa Fernández


17 comentarios:

  1. La madre que parió al vendedor. Por ser este un tiempo en que priva la estafa, creo que este es el que más me ha asustado de los tres relatos:)

    Eres una gran escritora, Luisa.
    Te deseo toda la suerte para ese concurso.

    Besos

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  2. Gracias, Trini.
    El terror que guarda el relato del vendedor es muy diferente al resto de los demás relatos. Es un terror real. Está ahí fuera. Enmascarado de buena gente. ¡Sálvenos Dios de las buenas intenciones! Buena elección.

    Los seleccionados para el D.S son excelentes escritores, algunos ya con un bagaje. Soy realista, está muy difícil. Aún así, ya sabes cómo somos los seres humanos. Nos aferramos a un hilo de esperanza y quien diga lo contrario miente como un bellaco, je, je…

    Un beso muy fuerte.

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  3. Vamos, vamos, vamos! Si es que este año estás que te sales, Luisa. Y tanto va el cántaro a la fuente..... que no hay más remedio que salir airosa en tanta publicación y concursos.
    Sabes que me alegro por ti porque lo mereces y porque lo vales. A ver si hay suerte y de finalista pasas a ganadora.
    El enterrador y el agujero tienen su aquel; su puntito malicioso, cabroncete, perturba-mentes y horripilante. En este caso yo me quedo con.....los dos porque no sé cual me perturba más pero me perturban, eso sí.
    Lo dicho, amiga, suerte con todo y buena aportación a esta noche de brujas, brujilla.
    Un abrazo de Mos desde mi orilla post-hallowiniana.

    En cuanto a los perturbadores relatos te diré, ya lo sabes, que el del vendedor lo conocía y sí que perturba por su cinismo y crueldad al engañar a cuanto embaucado se le ponga en sus artimañas (je,je,je).

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  4. No sé por qué el último párrafo de mi comentario se ha colocado ahí porque en realidad iba más arriba, justo después de " pasas a ganadora".
    Deben ser cosas de las brujas, los duendes, las calabazas, los cuervos y los fantasmas.
    Otro abrazo de Mos desde mi orilla perpleja.

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  5. No te preocupes, Mos. Seguramente los duendecillos andarán por ahí tocando las teclas, je, je, je…

    Los tres relatos son diferentes y tiene distinto mensaje, pero creo que en sí mismos se parecen en algo: son retorcidos y tienen su punto de crueldad. Luego está el que llegues o no a ellos. Ya sabes que el pacto con el lector es fundamental. Si no hay pacto no hay juego. Y habrá lectores que no tengan ganas de jugar y otros que estén más dispuestos. Es a estos últimos a los que están dirigidos, por supuesto. A los aguafiestas yo nos los quiero ni pintados de Halloween.

    Muchas gracias por tus buenos deseos respecto al certamen. Sé que me quieres y que te alegras. Yo te lo agradezco con un besazo, compi.

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  6. No son mis preferidos los relatos de terror o miedo, pero no he podido dejar de leerlos y constatar tu gran creatividad y la buena narración de tus relatos. La Noche de Todos los Santos de tu segundo relato me ha impactado, no abriré la puerta a nadie esa noche a partir de ahora, por si acaso, lo siento por los niños del truco o trato.

    Espero tengas suerte y se reconozca tu valia.

    Besos a pares.

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  7. Gemelas, por no gustaros los relatos de miedo tenéis el doble de mérito al comentármelos. De cualquier modo, que os hayáis decantado por “El enterrador” dice mucho sobre cuál es vuestro tipo de narración. Os gustan los cuentos al calor de la lumbre. A mí también. Tal vez tenga que ver con ello el que nos entusiasme la narración oral. Yo tenía una abuelilla muy dada a contarme cuentos de fantasmas. Era única haciéndolo.

    Muchas gracias por vuestros buenos deseos hacia mi trabajo. Lo agradezco de corazón. Sé que sois muchos los que estáis apoyándome.

    Un par de besos muy fuertes.

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  8. Hola Luisa

    Lo diré brevemente. En el ámbito de la fantasía y la ciencia-ficción en España, ser finalista del premio Domingo Santos es como quedar finalista en El Planeta. Se trata de uno de los premios más prestigiosos del género, junto con el ignotus y el que concede la Universidad Politécnica de Cataluña y puede que alguno más. Pero éstos están centrados en la ciencia-ficción, no en la fantasía.

    O sea, que aunque no fueses la ganadora, sólo el haber llegado hasta ahí es una noticia magnífica, un reconocimiento excelente a tu buen hacer como escritora. Mi enhorabuena. ¡¡Qué es el Premio Domingo Santos!! Eso lo tendrás que remojar :)

    Con respecto a tus tres relatos, la verdad es que son muy diferentes entre sí y no sabría exactamente con cual quedarme. El que más me ha gustado es el del vendedor, aunque es el menos terrorífico. El que da más miedo es el del enterrador, por el detalle de que llamen a la puerta. El del agujero también da miedo, pero lo veo más lejano y me asusta menos que el del enterrador; éste puede venir a tu casa, mientras que el agujero es algo propio de la casa donde vive la niña con su madre.

    Eso sí, los tres están muy bien escritos. Muy buena técnica y buen estilo, como acostumbras :).

    Un saludo.

    Juan.

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  9. Gracias, Juan.

    ¡¡Estoy nominada al Domingo Santos!!
    A ti puedo gritártelo porque sabes muy bien lo que representa para un escritor de fantasía, ciencia ficción y terror este premio. Estoy muy orgullosa, completamente feliz, encantada de este reconocimiento, que doy botes, me revuelco, grito, me río hasta dormida… ¿Cómo no voy a estar loca de contenta?
    Pero hay que ser comedida, Juan. Alardear está muy feo.
    Para mí es todo un honor (esta palabra lo dice todo, es la palabra exacta).

    Y, bueno, me alegro que te hayan gustado los relatos. Siempre es importante contar con la opinión de otros compis que saben lo difícil que es llegar al lector. Yo he disfrutado mucho escribiéndolos. “El vendedor” es un relato que salió de un tirón, en una tarde. Raro en mí que suelo trabajar las historias mucho. No pongo nada al azar. “El enterrador” apenas me llevó media hora. Lo escribí ex profeso para el blog el mismo día de Halloween. “El agujero” fue el más complicado y el más engañoso, Juan. Los súper micros suelen serlo. Son los que necesitan mayor atención a la hora de escribir y, por supuesto, de leer.

    Muchas gracias, amigo.
    Un saludo.

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  10. Pero buenoooo, Luisaaa... ¡qué tengo una amiga super califrástica fantástica escritora ficcionadora estupendaaaa :DD jejeje!!

    Jo, qué bien, qué alegría, maja; yo no conocía este galardón en temática fantástica, pero -y según palabras de Juan- creo que pecas un poquejo de modesta... ¿¿por qué diantres no vas a alardearrrr si te lo mereces más que un pulpo a una pulpa :)??

    ENHORABUENA, MÁQUINA, QUE ERES UNA MÁQUINA... Bueno, cuando te den EL PLANETA (digo el premio, no la esfera terrestre :) me conformo con que me lo dediques con mucho cariño, ¿vale??

    Tus relatos perturbadores, el que más perturba es, sin duda, "El enterrador", pero me quedo con el sinvergüenza de "El vendedor", es muy buenooo...

    Muchos besos super escritora fantástica ;)

    Oye, Iron e Isolde estarán haciendo palmas con sus rabillos: "nif-nif... guau-guau, que amita humana más guay tenemos" :D

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  11. ¡Ja,ja,ja! Ay, Mar, siempre me haces reír.
    Es estupendo contar con amigas como tú. ¡¡Estoy encantada con esta nominación!! Feliz porque mis hijitos obtengan ese reconocimiento y su mami pueda alardear, aunque sea bajito, je, je, je. Son muy agradecidos estos hijitos míos. Los he engendrado, criado a mis pechos y han salido a enfrentarse al mundo como todo unos valientes.

    Me resulta curioso comprobar los distintos gustos literarios de los que han pasado por aquí y por Facebook para leer los Perturbadores. Son dispares. El enterrador es una fábula. Creo que lo que más llama la atención de este cuento es lo que no se dice. Esa llamada en la puerta. El miedo que provoca el saber qué ocurrirá a continuación, sabiendo, claro está lo que le ocurre a las virgencitas. “El vendedor” dispone de otra maquinaria más perversa, enmascarada de sencillez.

    Iron e Isolde están que dan palmas con las orejas. Tengo la suerte de tener un perro inteligentísimo, hermoso como pocos, que es parte de mis Musas. Siempre está a mi lado cuando escribo. La coneja es una revolera, pero es tan dulce y lista…

    Gracias, amiga, por tu apoyo incondicional y por dibujarme siempre una sonrisa. Es tan bueno reírse… Un súperbesazo.

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  12. Recién he descubierto tu blog, yo también soy un escritor aficionado y sé lo que se siente cuando ves tu trabajo recompensado en forma de nominación en algún Certamen literario.
    ¡Mucha suerte!

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  13. Hola, Palk.

    la verdad es que sí. Los certámenes son un aliciente para seguir escribiendo. Ese reconocimiento hace que no nos demos por vencido en la lucha. Da muchos ánimos y alegría. Pero tampoco hay que poner todas nuestras esperanzas en ellos. Hay gente que deja de presentarse a concursos porque no ganan a la primera… Hay que perseverar y a la vez seguir trabajando.Y, sobre todo, disfrutar con lo que a uno le gusta hacer. De eso se trata.

    ¡Gracias por dejar tu huella en mi blog y por tus buenos deseos!

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  14. Espero que ha estas alturas sabrás algo sobre la suerte de tu relato en el certamen. Yo, con quedar finalista me conformo.
    Por cierto, qué relato tan maravillosos el vendedor; los ostros dos son bueno, pero ése es magistral.
    UN abrazo.

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  15. Josef, los resultados finales del certamen son secreto secretísimo hasta la cena de la Hispacón. Son las reglas. No seré yo quien las rompa. Soy una chica muy formal, je, je, je. Lo que tenga que ser será.

    Me alegra que hayas encontrado a “El vendedor” como un relato magistral (a ver qué voy a decir yo…). Refleja a la perfección el mundo en el que vivimos. Nos venden “la moto” y todos tan contentos. Nos cuentan que hay “un burro volando” y todos tan felices. Este es un relato que muestra cómo se nos manipula a diario gracias al Terror (con mayúsculas), es el que estamos viendo a diario en los informativos y en los periódicos. El que respiramos. ¿Qué no haríamos para salvaguardar nuestro bienestar y el de los nuestros?

    Un beso.

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  16. Uf, no sabría cual elegir, los tres me parecen terroríficos, Luisa, quizá el más visual, idóneo para pesadillas, sea el del agujero, pero el final del enterrador...

    Luisa, espero que seas una de las premiadas, te lo mereces, escribes de cine..., de terror en este caso.

    Un abrazo,

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  17. Haces bien, Tesa. Quédate con todos. Son diferentes, pero cada uno tiene lo suyo.

    Gracias por tus palabras y tus buenos deseos. No gane el Domingo Santos, pero quedé finalista que ya es bastante. Lo importante es que mi relato gustó lo suficiente como para que lo eligieran entre 188. Ahí, es nada. Súper contenta que estoy.

    Un beso muy fuerte, guapetona.

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