24 de diciembre de 2010

¡FELIZ NAVIDAD!



En estos días en los que las prisas y el consumismo rigen nuestras vidas y no queda tiempo ni para respirar hondo con tanto preparativo, hacer un hueco para felicitaros a todos se hacía ineludible. El año pasado recibí algunas felicitaciones por correo electrónico. Este, he sido mala. Papá Noel me tiene en la lista negra y ha dado el chivatazo por ahí y mi correo está más vacío que el bolsillo de los españoles, o puede ser que el Espíritu Navideño se haya ido de farra y tenga todavía una cogorza del quince; incapaz el borrachuzo de encontrar el número de mi calle. Sea pues. Con Espíritu o sin él os deseo una Buena Noche. No le deis demasiado al tintorro ni os pongáis de comida hasta las trancas, que luego viene el tío Paco con las rebajas (y ese sí que no se olvidaba nunca de las direcciones).


Bueno, majetes, no todo iba a ser pandereta, fanfarria y petardos, aquí os regalo una de mis últimas poesías para dar unos minutos, entre copa y marisco, a la reflexión. Siempre hay una invitada no deseada a la mesa.






DIARIO DE UNA SONÁMBULA DE NUBES



Le cuento a las paredes mis quejas.

Son oídos de barro que amortiguan las súplicas

bajo capas y capas de cemento.


Las palmas de mis manos sienten su frío,

me trasmiten con violencia el vacío, la soledad,

el aislamiento de enfermedad terminal

que germina a espaldas del tiempo.


El aire se infecta con cada latido

y coagula corazones de escarcha en el papel pintado.


Mis labios besan su dibujo

como una creyente los pies de un santo de piedra.


Ruego por mi vida.


Es Navidad y el gélido aliento del invierno

me ha arrancado la piel

dejándome desnuda frente al mundo.



Copyright: Luisa Fernández

Fotos extraídas de Internet.