3 de marzo de 2014

Relatos perturbadores: El secreto de Roxy



 Ya estoy de vuelta por el blog después de unas semanas de muchísimo trabajo. Tenía que terminar varios proyectos y no me ha quedado otra que desconectar. Y, bueno, los relatos que más prisa corrían ya están terminados y entregados, pero quedan pendientes las novelas. Una de ellas, ECDA, está a falta de pocos capítulos, pero sin duda son los más complicados, puesto que tiene que cuadrar toda la trama para abocar un final redondo. La otra novela es histórica, y aunque es la que más adelantada llevo, quiero dejarla para más adelante. Me ha surgido una nueva historia mientras termino ECDA. Ya sabéis cómo es esto. Si la idea le pega a una con fuerza, es que merece ser escrita. Creo que en cuanto acabe, me meteré de lleno con esta, a la que de momento titularé LSDE. La tengo muy clara en la cabeza y hay que aprovechar el tirón, que la cosa está muy mala.;) A este paso, me veo vendiendo folletines en el metro.;)

Os dejo un relato perturbador nuevo. Espero que os guste. Iré visitando vuestros blogs.
Un besazo.  
  



 El secreto de Roxy  

Había olvidado la sensación que le producía estar a merced de un destino aleatorio. Cara o cruz. Una mezcla entre regocijo y curiosidad. Cerró el puño, una vez más, dejando hueco suficiente en la concavidad de su palma para que las monedas pudieran bailar. Luego, las dejó caer con fuerza como si fueran unos dados. El águila coronado de dos cabezas volvió a brillar y ella se dejó caer abatida en la alfombra.
—¿Otra vez? —cuestionó una voz a su espalda—. ¿Qué crees que van a responderte esas monedas, niña tonta?
Ella, boca arriba, observó la enjuta figura que asomaba al umbral de su cuarto.
—Abuela… eres sigilosa como los gatos —le dijo dulcemente—. Me has asustado.
—Lo siento. —Hizo una burlona reverencia—. Llevo años ensayando mis entradas. Antes hacía un saludo teatral que rozaba lo rocambolesco, pero casi todos se quedaban sin aliento al verme…, ya sabes, siempre me gustó Sakespeare. Ahora tengo que conformarme con aparecer casi a hurtadillas por aquello de no molestar, y debo reconocer que me encanta contemplar la cara de susto de la gente cuando no me escuchan llegar.
—Siempre has sido una teatrera…
—¡Mira quién fue a hablar!, la que lleva el pelo rosa y cortado a mordiscos, y no es por meterme donde no me llaman, pero ¿qué bicho es ese que te asoma por el hombro?
—Una boa constrictor, ¿te gusta?
—Nooo… ¿cómo puñetas me va a gustar? me repele y espanta. ¿No podrías haberte tatuado una luna y un gato, como hacen las chicas monas?
—¡Abuela!
—Ya… ya sé. Tienes veinte años, el pelo rosa, llevas los pantalones todos rotos, en vez de bragas te pones tapa-rabos, te haces llamar Roxy cuando en realidad te llamas Rosa María y, sobre todas las cosas, eres una chica «gaucha».
—¡Grunge, abuela, grunge!
—Cómo se diga, hija, tú ya me entiendes. La cosa es parecer siempre lo que uno no es en realidad. ¿Cuándo te vas a quitar la careta?
Roxy, a pesar de que en su fuero interno deseaba mostrarse enfadada con la regañona de su abuela, siguió mirándola con dulzura y una sonrisa en los labios. Se levantó y puso en marcha el viejo tocadiscos.
A la anciana se le iluminó el rostro.
—¡Cómo me conoces, bribona! —exclamó con regocijo—. Sabes que me callaré si escucho la trompeta de Louis Armstrong.
—No lo pongo sólo por ti, a mí también me gusta…
—Sabía que al final apreciarías el  buen jazz. ¿Lo saben tus amigos los «gauchos» esos?
—¡Abu, déjalo ya!
La anciana se acercó hasta ella e intentó besarla. Roxy, apartó el rostro bruscamente.
—Perdóname, hijita. A veces me olvido. Ya sé que no puedo besarte. No volveré a intentarlo. Además, con esas cadenas que llevas enroscadas a la cintura, seguro que me arrea un latigazo…, qué ríase usted. Vamos, como si me hubiese sentado en la silla eléctrica.
La muchacha hizo verdaderos esfuerzos para no reírse. Eso hubiera sido darle la razón. Por unos instantes, la música inundó la habitación y las dos escucharon en silencio.
—Roxy…, ¿fuiste el domingo al asilo con tus padres?
—No. No pude. Tenía que estudiar para un examen.
—Embusterilla, me estás mintiendo.
Ella no respondió.
—Prométeme que irás el domingo que viene —le exigió—. Tienes que prometérmelo. ¿Acaso no te importa lo que puedan pensar tus padres? Ellos están disgustadísimos contigo. Creen que ya no te importa nada. Que te has vuelto huraña e introvertida. Que ya no los quieres y que tampoco quieres a tu familia ni siquiera a mí.
—¡Qué tontería! Os quiero a todos.
—Yo no tengo dudas. Sé que me quieres. Me lo demuestras cada día… pero ellos necesitan sentir qué es así.
Abu —dijo con gesto grave—, yo quiero ser sincera con ellos, hablarles, contarles cómo me siento por dentro, pero no puedo. Me pasa lo mismo con el asilo. Huele a… cerrado, a cárcel, a… final. No puedo prometerte que iré porque no voy a ir. Nunca lo haré. Allí ya no hay nadie que me importe.
—¿Nadie? Porque esté inmóvil, ciega, sorda y muda… no significa que no sea nadie.
—Llámalo por su nombre, abu: en estado comatoso irreversible. Tú misma me has contado que en ese estado no se siente ni padece, vamos, que no se entera uno de nada. Entonces, ¿qué función tiene ir a ver  una “carcasa vacía”?
—Desde mi punto de vista: ninguna, pero tus padres no opinan igual. De eso se trata. Demuéstrales que eres valiente…, porque tienes que reconocer que no puedes mirar a esa «carcasa vacía», como tú la llamas, sin estremecerte de pies a cabeza. Tienes miedo. Todo se reduce a eso. Da la cara, no te escondas.
Roxy le dio la espalda como queriendo dar el tema por zanjado, pero sentía tal angustia que no pudo reprimirse.
—¿No te das cuenta? —Las lágrimas resbalaban por sus mejillas—. No puedo más…, no puedo más. No puedo mirar ese cuerpo inerte lleno de tubos, con su pecho subiendo y bajando ayudado por ese puñetero respirador que no para de hacer el ruido de un fuelle. No puedo mirar un cuerpo que está completamente muerto, pero que sigue respirando… Me duele, me hace tanto daño…
La abuela la vio menguar, escurrirse apoyada en la pared, intentando ocultar sus lágrimas con las manos. Por unos segundos, sintió su dolor, su angustia, su lucha.
—Tienes razón, Roxy. Estamos siendo egoístas contigo. Si pudiera hablar con tus padres, si me escucharan, les diría lo que sientes, les diría que no están siendo justos… les diría…
El sonido de unos pasos, alertaron a la anciana. Era la madre de Roxy. La muchacha se incorporó como un resorte y se limpió las lágrimas con el dorso de la mano. Después disimuló, cogiendo una revista del escritorio.
—¿Con quién hablabas, hija? —le preguntó con gesto de extrañeza.
—Con nadie, mamá.
—Me ha parecido oírte discutir… ¿Te encuentras bien?
—Perfectamente.
Ella no creyó una palabra. Miró el rostro congestionado de Roxy y se dio cuenta de que había estado llorando.
—Acaban de llamar de la residencia —le dijo, sin hacerle notar su preocupación.
—¿Y?
—Verás… No sé muy bien cómo decírtelo… —Se frotó las sienes—. Van a desconectar a la abuela. No pueden hacer nada más por ella. Me preguntaba…, si querrías estar presente para despedirte.
Un silencio, casi irrespirable, tensó el ambiente. Roxy sintió una punzada de dolor. Se quebró por dentro. Cerró los ojos y se dejó arrastrar por la tristeza que la invadía. Su madre se fundió con ella en un abrazo de derrota, y por primera vez en mucho tiempo lloraron, juntas, unidas, mientras la abuela se disipaba como una bocanada de humo por la rendija de la ventana, diciéndole adiós con la mirada.


© Luisa Fernández

 

16 comentarios:

  1. Bueno, buenísimo. Me has atrapado de principio a fin. En ningún momento he sospechado que la abuela era la que estaba en coma. Me ha encantado.

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    1. Hola, Amparo.

      Muchas gracias.;)

      Este relato tiene la guinda escondida. Sólo cuando te has comido la cobertura y el relleno la ves aparecer y puedes saborearla.

      Me alegro que te haya gustado.

      Un abrazo.

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  2. Genial, trepidante y redondo.
    Como siempre fue un gusto enorme leerte.
    Un abrazo.

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    1. Hola, Jorge.

      Gracias, majo.

      Siempre es un placer que te pases por aquí a leerme.

      Un abrazo, centinela del sendero (da igual que ahora estés en Gaia, para mí siempre serás el centinela, jejejeje).

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  3. Luisa, has creado un relato absorbente con un trasfondo, me parece a mí, que induce a la reflexión.
    ¿Por qué siempre nos empeñamos en encasillar a las personas según su apariencia externa?.
    La mayoría de las veces, si rascamos un poco la corteza, aparece la persona de verdad.
    Necesitamos abrir nuestra mente de par en par, para franquear la entrada a aquello que no siempre vemos aunque esté delante de nuestros ojos.
    Suerte con tus proyectos!.
    Besos mil.

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    1. Hola, Belén.

      Bueno, ya sabes que dentro de un relato siempre hay más de una historia. En este caso, el trasfondo es la controversia sobre qué sienten aquellas personas que están en estado de coma. El segundo, tal y como apuntas, las apariencias; la imagen que damos al mundo y lo que realmente somos. Y el tercero es la incomunicación que existe entre padres e hijos. Tres en uno. ;)

      Gracias por tu aportación, Belén. Y gracias también por tus ánimos. La verdad es que no vienen nada mal viendo el panorama literario y el poco apoyo que tiene una. :(

      Un beso muy fuerte, guapísima.

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  4. Luisa, no recuerdo haber leído antes este relato pero me ha gustado tanto como otros muchos tuyos.
    Un buen secreto el de Roxy.
    Un abrazo, maestra.
    Mos.

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    1. Hola, Mos.

      Verás, este relato es nuevo para el blog pero lo escribí hace seis o siete años para Esferadeletras. Era un ejercicio “tormenta de ideas”. Tú también tienes a tu Roxy particular. ;)

      Un abrazote, compi. Te voy a echar mucho de menos en tu orilla. :(

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  5. Buen relato, sólo la punta del icebergs hasta el final. Y como es costumbre en ti con esa dosis de doble tuerca. Otro más para engrosar ese libreto, que quizá algún día, te pongas a compilar.
    Besos miles.
    Nos vemos en horas.

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    1. Hola, Resu.

      Ya sabes, una siempre intentando llevar lo aprendido a la práctica.;) Esta clase de relatos me encanta.

      Bueno, pues algún día me decidiré a quitarlos del blog y a maquetarlos en condiciones. Seguro que un librillo más dando guerra en Amazon ni se notará, jejeje. Cuando termine mi web de autora me pensaré qué hacer con todo este material.

      Un abrazo, compi, las tortitas estaban para chuparse los dedos!!

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  6. Como siempre muy buen relato, Luisa. Sabía que el final esta vez iba de sorpresa, ¡pero menuda sorpresa!
    Las descripciones impecables, tanto de la abuela como de la chica...
    Veo que estás trabajando muy duro. Yo empiezo a hilar relatillos, pero mi libro lo dejé aparcado. me surgen muchas cosas que hacer y no tengo demasiado tiempo... Bueno, eso no es tan cierto, lo tengo. Lo que no tengo es la concentración necesaria. Mi mente sigue sin centrarse en escribir como antes ¿estoy cansado? No. ¡Desearía tanto meterme a fondo en un buen libro! Ocurre que no hay ideas....

    Besos.

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    1. Hola, José.

      Me alegro que te haya gustado el relato. Lo escribí hace seis o siete años. La sorpresita final es inevitable. Para mí todos los relatos tienen que tener un final que sorprenda de algún modo.;)

      Pues sí, José, estoy trabajando a tope, es por eso que casi no me dejo ver. ;) Escribir novelas supone un gran esfuerzo por nuestra parte, sobre todo si las musas andan pelín despistadas como es tu caso. La única manera de pergeñar una buena historia es trabajarla para conseguir una novela redonda y sin fisuras. Esto supone aislarse en lo posible de todos los elementos exteriores y sentarte a componerla. O sea, mucha constancia. Yo no conozco otro modo. Y claro, eso, en mi caso concreto, supone muchas horas al cabo del día. Y ni te cuento si hay una documentación exhaustiva de por medio, como suele pasar si quieres ofrecer cierta calidad.

      Gracias por tus palabras, José. Ánimo con esas musitas. :)

      Un abrazo.

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  7. Te dejo un fuerte abrazo
    Saludos

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    1. Hola, Karu.

      Otro abrazote para ti, guapa.

      Un saludo.

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  8. Hola, Alquimista de Letras ;))

    No conocía este relato tuyo y te puedo asegurar que ahora tengo un buen nudo en la garganta (me toca el tema muy de cerca...) Está muy bien llevado porque hasta los párrafos finales no empiezas a sospechar... Siempre es un gustazo leerte. Luisa. Sigo con Alcander y... ya te contaré, jejeje...

    Oye, me hace gracia eso de hablar de tus novelas con siglas ECDA y LSDE; me suenan a sustancias alucinógenas :)) Bueno, en cierta medida tus Letras lo son, nos dejas bien, pero que bien "alucinaos".

    Sí, Luisa, las ideas que nos "pegan" con ahínco son las que hay que llevar ala "alambique"... ¡A trabajar duro!

    La verdad es que leyéndote a ti me animo yo, porque tengo unos bajones que ni te cuento o mejor, ¡para qué te voy a contar!

    Un besazo, guapa y un montón de achuchones para tus peludos ;)

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    1. Hola, Mar.

      Este relato tiene ya seis o siete años. Y es de esos, de los casi ni he retocado desde que lo escribí. Creo que es difícil no sentirse identificado con este relato porque a casi todos, en mayor o menos medida, nos toca.

      Me alegro de que sigas con Alcander. Ya me contarás.;)

      Lo de las siglas es verdad que parecen sustancias alucinógenas, jajajajaja… No me queda otra que poner solo las siglas porque hay mucho buitre en el ciberespacio. Desde que me birlaron el último título (algunos lo llamarían pura casualidad), paso de ponerlos por aquí. Son secreto sumarísimo.;) Con los argumentos, pues igual. Lo único que adelanto es el género. ECDA es un thriller forense con tintes históricos y LSDE (este sí que talmente parece un ácido) es ficción histórica, y será la presentación de mi primera protagonista femenina. Y le tengo ganas porque siempre he querido escribir esta historia. La he pospuesto por la gran documentación que requería. Ahora me siento con fuerzas para afrontarla. ¡A por ella! (en cuanto termine ECDA, que no quiero dejar novelas a medias).

      Ainsss Mar, si es que el panorama es para tirarse de los pelos, pero tú dale duro. No te desanimes. Tus historias tienen que nacer. Dales oxígeno y un buen azote en el culete, que verás cómo lloran anunciándose al mundo. ;) ;)

      Un requetebesazo, guapa mía. Dale muchos achuchones a tus grumetillos.

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