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13 de mayo de 2010

INSPIRACIÓN TERMINAL



Por fin, después de treinta noches de permanecer en vela, el poeta concluyó su única y gran obra. Fueron aquellas unas noches terribles, en las que consumió veintidós botellas de vino, doce de coñac y diez de aguardiente para llamar a las Musas. No dejó que su asistenta, una mujer oronda de incipiente bigote, entrara en su estudio para limpiar, hasta que no dio por terminado el poemario. Cuando por fin lo hizo, la pobre mujer no dio abasto a recoger cascos vacíos y una infinidad de cuerpecillos esparcidos por el suelo con un grave coma etílico.




Copyright: Luisa Fernández


Foto extraída de Internet

15 de abril de 2010

EL VAMPIRO




Un vampiro me está rondando. Todas las noches viene a visitarme a mi cama. Se cuela en mi habitación mientras duermo y se acuesta a mi lado. No es un vampiro corriente, está mayor. Resuella que da pena mientras intenta seducirme. Tiene barba de tres días, barriga cervecera y un aliento a ajo que echa para atrás. Y no es que no me sienta halagada, ¿a qué chica de quince años no le gustaría tener un novio vampiro? Es que, curiosamente, se parece demasiado a mi padrastro.


Copyright: Luisa Fernández

Foto extraída de Internet

27 de marzo de 2010

DESDE SU VENTANA




Tiene las manitas enrojecidas de tirar piedras al aire. Se sube a los escombros y grita. Luego, ondea su bandera y llora. Su bandera, que pretende ser blanca, es un trapo sucio y ajado. Lo ha atado a un trozo de marco de ventana. Esa ventana era la de su casa, por la que veía marcharse a su padre y a su hermano para ir al trabajo. Era la de los amaneceres y la de las luces que se veían a lo lejos cuando anochecía. Por esa misma ventana, su madre lo llamaba para que entrara en casa después de jugar. Y a través de ella veía ocultarse el sol entre las nubes y a las bandadas de pájaros planear formando una uve. A través de esa ventana veía la vida pasar. Su corta vida.


Y agarra con fuerza ese trozo de madera, lo aferra como si fuese lo último que le une a esa mansa existencia. Grita, y ondea de nuevo la bandera con desesperación.


Pero nadie escucha al niño. Las bombas no tienen oídos, y debajo de los escombros sólo hay cadáveres.



Copyright: Luisa Fernández

Foto extraída de Internet




Este micro me lo ha publicado PEPE PEREZA en su blog ASPEREZAS:
http://pepepereza.blogspot.com/


2 de marzo de 2010

FIEBRE DEL SÁBADO




¡Saturday night fever!, gritó como una loca al entrar al pub. De una visual, se aprendió todos los rostros que bailaban bajo la bola de espejuelos. Y la vi moverse frenéticamente al son de The Bee gees, hasta sentarnos en unos taburetes altos revestidos de eskay rojo y colocar su bolso de flecos en la mesa diminuta. ¡Un gintónic!, pidió. Luego encendió uno de esos cigarrillos que huelen a vainilla. Yo la miraba. Ella no. Ella quería perderse entre los zapatos de la gente, el aire viciado y los espejos de las paredes. Encaramarse a la bola gigante y girar hasta esfumarse como una estela de humo barato y soñoliento. Quería sacudirse algo de encima. Temía que su corazón se trasparentase a través de la blusa de domingo y que contara la verdad que ocultaban los poros de su piel.




Copyright: Luisa Fernández


Foto extraída de Internet

16 de febrero de 2010

EL POETA



El poeta tenía varias plumas sobre su escritorio. Usaba una de pavo real para componer odas a la naturaleza. Otra de águila para los poemas épicos, y una de paloma para los versos que hablaban de libertad. Un día, paseando por los aledaños del cementerio, encontró una que no supo identificar. Al utilizarla, descubrió que todo lo que salía de aquella pluma daba miedo.





Copyright: Luisa Fernández


Foto extraída de Internet.


25 de enero de 2010

UN MICRORRELATO






Este micro fue publicado en la revista GROENLANDIA nº 5.



PRIMERA CITA A CENAR



Le invité a cenar crepes con verduras.


¿Te ayudo, cielo? me preguntó solícito.


Bueno. Trae la mantequilla. Está en la nevera.


Después de un buen rato, me dijo:


No la he encontrado, pero ¿puedo tomarme esta cerveza?


Por… supuesto, estás en tu casa le respondí, algo sorprendida de que no hubiese visto la mantequilla que estaba junto a la cerveza en el primer estante del frigorífico.


Ponte cómodo si quieres le indiqué.


Al poco, estaba sentado en el sofá con los pies apoyados en la mesa del salón, viendo un partido de fútbol. Él solito había encontrado el mando de la tele.



Copyright: Luisa Fernández


Foto extraída de Internet.